Vivimos tiempos donde las respuestas fáciles y los eslóganes pegadizos, como el de la "puerta giratoria", parecen ganar terreno en discusiones tan serias como la seguridad y la justicia. Escuchamos propuestas que, bajo un manto de aparente firmeza, esconden un profundo desprecio por la complejidad de los problemas sociales y, lo que es más grave, por la dignidad humana. Como sociedad, y especialmente quienes hemos vivido el dolor en carne propia, tenemos la obligación de no caer en estas trampas simplificadoras y buscar caminos que, aunque más difíciles, nos lleven a una convivencia verdaderamente pacífica.